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"Ser Tribu"
Tras las Huellas de la Fé I: El Peregrinaje Santiagueño por el Camino Real
De Villa Silipica a San Esteban, un viaje por la devoción profunda que marca el rumbo hacia el Norte Cordobés
Por Ser Tribu
Publicado en 15/10/2025 04:40 • Actualizado 15/10/2025 11:35
Lugares

En esta primera parte, el viaje parte del alma santiagueña, recorriendo santuarios y pueblos donde la fe es el corazón de la comunidad, siguiendo las huellas del antiguo Camino Real. El norte argentino guarda en sus entrañas rutas sagradas por donde, siglos atrás, circularon conquistadores, misioneros y pueblos originarios como los valientes sanavirones. Hoy, ese mismo camino y sus adyacencias, invita a un viaje distinto: un peregrinaje sereno que conecta la fé, la historia y la geografía de una región con un alma profunda.

Nuestra travesía comenzó en la tierra del sol fuerte, Santiago del Estero. La primera parada, Villa Silipica, nos deparó una grata sorpresa antes de nuestro objetivo principal. Allí, erguida con una serenidad que impone el tiempo, se alza la Capilla de la Virgen de Montserrat. Construida en 1890, es un relicario de historia. En su interior, un pequeño museo atesora imágenes y piezas de orfebrería rescatadas, testigos silenciosos de más de un siglo de oraciones.

A solo cinco kilómetros, el destino nos esperaba: el Santuario de la Mama Antula. Un predio de dimensiones generosas, pensado para cobijar a los miles de peregrinos que llegan hasta aquí, y una capilla de una calidez que invita, de inmediato, al recogimiento y la plegaria constante.

Siguiendo el sabio consejo de los lugareños, abandonamos la ruta principal por un camino vecinal de asfalto, recto y sinuoso a la vez, por su simpleza, que nos condujo directo a San Esteban, en la localidad de Sumamao. Este poblado se transforma por completo durante una de las fiestas patronales más grandes y fervorosas de Santiago: la peregrinación a San Esteban. La comunidad entera vive esta celebración con una pertenencia que modela la propia fisonomía del lugar. Es la fé hecha comunidad.

Si algo tiene de particular este recorrido son los tientos y telares que se ofrecen a los viajeros como puentes entre el pasado y el presente. “En cada puesto hay una historia”- comenta una artesana- “Esta manta la hiló mi abuela mientras cantaba vidalas”. Las rutas, otrora senderos de arrieros y peregrinos, hoy son museos al aire libre donde el paso del tiempo se funde en la inmensidad de un corredor turistico cada vez más visitado.

Con el alma llena de la devoción santiagueña, estábamos listos para cruzar el umbral salitroso y ancestral que atraviesa las comunidades de Totora Pampa, San Vicente, Taquetuyoj, Guanaco Sombriana, Negra Muerta, Ambargasta, Santa María, San Juan, San Francisco, Antuco y El Jume, hasta llegar al limite provincial en Ojo de Agua.  

El Camino Real del Norte Cordobés nos llamaba a continuar sobre la ruta 9, donde la geografía misma comenzaría a cantar una canción diferente. Luego de pasar por Rio Seco, ya en tierras cordobesas, el trazado nos guiaría hacia Cerro Colorado y sus cerros míticos, donde los comechingones dejaron memorias dibujadas en las piedras, hacia los caminos de tierra de Churqui Cañada, Guayascate y el histórico San José de la Dormida, en un recorrido que encontraría su corolario en la eterna Villa Tulumba. Pero esa es la siguiente etapa de nuestra peregrinación, la que descubriremos en la segunda parte de este viaje.

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