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"Ser Tribu"
El Rincón del Bonsaí
Alberto Romero cuenta en primera persona: el bonsaí me recuerda la importancia de la paciencia, la dedicación, la búsqueda constante de la armonía
Por Ser Tribu
Publicado en 12/09/2025 14:40 • Actualizado 26/09/2025 05:30
Historias

Omar es uno de los tantos emprendedores que forma parte de la comunidad de la Feria de Artesanos “Tiú Mayu” en el municipio de La Granja. La feria funciona todos los fines de semana y es una entidad de gestión organizada, de la que participan los feriantes, con el apoyo de la comuna. A la Feria de La Granja, como se la conoce en la región, se llega por la famosa ruta E-53, en el corazón de las Sierras Chicas, en la provincia de Córdoba; allí, entre otros puestos de ofertas importantes, se encuentra el atractivo puesto de bonsáis de Omar Alberto Romero.

Hay que reconocer que Sierras Chicas es un gran corredor turístico, una maravilla de la naturaleza habitada por calidez humana y creatividad. La feria donde se puede encontrar el puesto de bonsáis permanece estable, desde hace un tiempo, en la Plaza Los Troncos, un complejo ferial constituido por un gran número de puestos de venta de producción artesanal que van diseñando y definiendo el espacio; cada pasaje de la feria tiene un nombre, seguramente en homenaje a alguien que quieren recordar. Pasear por allí es como transitar por un pintoresco mercadillo de artesanías. Es en ese transitar que se encuentra el vistoso puesto de bonsáis de Alberto Romero, un aficionado de gran trayectoria en el rubro. Sumidos en pequeñas macetas, pero con troncos fuertes y brazos que sostienen una copa, impactan los bonsáis de diversas especies de árboles que Omar ha elaborado. Detenerse a mirar aquel puesto requiere tiempo, curiosidad y afinidad.

Fue allí donde entrevistamos al propietario del emprendimiento “El Rincón del Bonsái” y decidimos traer la historia. Entre otras cosas, Alberto cuenta que buscó transmitir a su hijo este talento porque representa toda una filosofía de vida. Es un hombre de pocas palabras y de gran sabiduría espiritual. Desde su puesto de ventas, y con gran calidez, junto a las especies que decoran su espacio, brindó información y respondió algunas preguntas.

Mi Encuentro con el Bonsái es una historia de onexión

Recuerdo claramente el día que descubrí el mundo del bonsái. Fue en una revista, allá cuando era joven. En esa época, las revistas eran nuestra ventana a tantos mundos desconocidos, no como ahora, que todo está al alcance de un clic en internet. Me llamó la atención, me gustó profundamente, y empecé a explorar ese arte que me parecía fascinante. Lo cultivé por un tiempo, pero luego, como pasa con tantas cosas, la vida me llevó por otros caminos, el trabajo y otras responsabilidades me hicieron dejarlo de lado, al menos por un tiempo. Pero hubo un momento que cambió todo: cuando mi hijo tenía diez años, decidí retomarlo. Quería transmitirle ese saber, esa pasión  y en ese intento de compartir algo con él, me "prendí" de vuelta al bonsái, y ya nunca más lo dejé. Fue como reencontrarme con una parte de mí mismo.

¿Y qué encuentro en este oficio? Tranquilidad. Pasión. Un cable a tierra. Es como si los árboles me transmitieran una energía especial. Me siento identificado con este arte. Para mí, el bonsái no es solo una forma de jardinería ornamental; es una práctica transformadora. Es algo que cultiva tanto al árbol como al espíritu de quien lo practica. En un mundo donde cada vez nos sentimos más desconectados de la naturaleza, el bonsái me recuerda la importancia de la paciencia, la dedicación, la búsqueda constante de armonía con el mundo natural. Me enseña que la verdadera belleza no está solo en el resultado final, sino en el proceso. Que cada pequeño gesto de cuidado es parte de una obra que trasciende nuestra propia existencia. Para mí, el bonsái es una meditación sobre la vida misma. Expresada a través del delicado lenguaje de las ramas, las hojas, las raíces.

Es un arte ancestral que me conecta profundamente con algo mayor que yo. Y hoy, tengo la alegría de compartir esto con otros, ofreciendo clases presenciales en Las Vertientes de La Granja. Es un modo de seguir cultivando no solo bonsáis, sino también conexiones, pasión y esa búsqueda de armonía que tanto valoro.

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