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"Ser Tribu"
EN LA INDIA LA DANZA ES UN VIAJE SAGRADO
En Ser Tribu, entendemos que la cultura no se contempla desde afuera; se habita. Y pocas expresiones invitan a un habitar tan profundo como las danzas de la India. Por Yicela Villavicencio
Por Ser Tribu
Publicado en 29/03/2026 12:53 • Actualizado 29/03/2026 15:27
Desarrollo Personal

Hay danzas que se aprenden con el cuerpo. Y hay danzas que se aprenden con el alma. Las danzas de la India pertenecen a esta segunda estirpe. No son solo coreografías: son mapas espirituales, crónicas nómadas y un lenguaje que, desde hace milenios, teje lo divino con lo humano.

El origen sagrado: las danzas clásicas

El tronco de este árbol milenario son las danzas clásicas o Shastriya Nritya. Su origen se remonta al Natya Shastra, un tratado atribuido al sabio Bharata Muni entre el siglo II a.C. y el II d.C., donde se concibe la danza como una síntesis de la palabra, el gesto y la emoción. Formas como el Bharatanatyam (Tamil Nadu), el Kathak (norte de India) o el Odissi (Odisha) no son espectáculos: son rituales. Cada movimiento de ojos (drishti), cada posición de manos (mudra), es un mantra en movimiento.

El Viaje de los Dhom y el eco en el flamenco

Pero la India también es un pueblo que supo caminar. Hablamos de los Dhom, comunidades nómadas provenientes de la región de Punjab y Sind que, durante siglos, fueron trovadores, artistas y custodios de la memoria oral. Su danza y música viajaron con ellos, durante su diáspora hacia Occidente, donde más adelante darían origen al pueblo gitano. Llevaron consigo el ritmo vibrante, el golpe firme de los pies sobre la arena del desierto, esa fusión de dolor y celebración. La historia cuenta que ese viaje culminó, siglos después, en el flamenco. Los expertos en etnomusicología, como el académico Bernard Leblon, han documentado cómo la danza “Kathak” del norte de India —con sus característicos giros, su trabajo de pies (tatkar) y su percusión— comparten un ADN innegable con el cante, el toque y el baile flamenco. No es una influencia: es un reencuentro.

El espíritu colectivo en las Danzas Folklóricas de India  y el Bollywood

Mientras las clásicas pertenecían a los templos y las cortes, las danzas folklóricas como el Bhangra (Punjab), el Garba (Gujarat) o el Kalbelia (Rajasthan) son el pulso de la tierra. Son celebración comunitaria, ciclos de siembra, fiestas en honor a la lluvia. De este crisol nace, ya en el siglo XX, el Bollywood Dance, considerado el baile moderno de la India.

Lejos de ser un estilo único, es un mestizaje cinematográfico que amalgama la gracia del Kathak, la energía del Bhangra, y los ritmos latinos y del Medio Oriente. Es el gran relato moderno de la India: una explosión de color que ha conquistado al mundo. De hecho, Bollywood es el nombre de la Industria Cinematográfica de la India, una de las industrias que mas produce cine, en el mundo. Se caracteriza por sus musicales masivos que fusionan danza tradicional india con pop occidental, grandes producciones, dramas románticos y escenas dobladas.

Las danzas de la India son expresiones culturales

Aquí es indispensable hacer una precisión lingüística y cultural. No debemos usar el término "hindú" para referirnos a las danzas de la India. Hindú (del persa Hindu) es un término que se refiere estrictamente a la religión o a las personas que profesan el hinduismo. La danza clásica, folklórica y el Bollywood Dance  trascienden lo religioso. Son expresiones culturales de la India (el país) o, cuando hablamos de sus tradiciones artísticas, utilizamos el término indias o de la India. Llamarlas "danzas hindúes" es un error que reduce su vastedad cultural a una identidad religiosa que no abarca su totalidad.

La tribu del Bollywood Dance en Argentina 

Este fenómeno llegó a Argentina hace más de dos décadas, y aquí encontró un terreno fértil. Nuestro país, atravesado por la pasión por el movimiento y la expresividad, abrazó el Bollywood Dance no solo como una técnica, sino como una herramienta de transformación personal. Quien lidera este movimiento con una trayectoria impecable es Paola Sopranzi, embajadora del Bollywood Dance en Latinoamérica.

Formada en India con los maestros más renombrados, Paola no solo ha difundido la técnica con rigor, sino que ha sabido transmitir la esencia ontológica de esta práctica: el Bollywood no es solo mover caderas y manos; es un vehículo para liberar la alegría contenida, para conectar con la propia fuerza y para construir comunidad. Como ella, otras maestras han elevado el nivel local. Carolina Voloschin, Manisha Chahuan, Laksmi Devi y Natalia Dietsch, por ejemplo, son referentes que han llevado la danza india a escenarios teatrales y formativos con un profundo respeto por sus raíces, demostrando que la fusión no está reñida con la autenticidad. 

El impacto de ejecutar su práctica

Como coach ontológica y maestra de danzas, observo que ejecutar esta práctica en Occidente genera un fenómeno particular: despierta la corporización de la alegría. La energia no es la misma luego de una coreografia de bollywood dance. Mientras nuestras danzas occidentales suelen estar ancladas en la verticalidad o en la performance individual, las danzas de la India proponen un diálogo constante entre el centro del cuerpo (el torso como templo), las extremidades que narran historias y la mirada que se vuelve puente con el otro. Las manos juegan un papel importante y junto a cada parte del cuerpo, tambien hablan.

Practicar Bollywood ó danzas clásicas de India en Argentina es, para muchas mujeres y varones, un acto de reconexión con una parte de sí mismos que la rutina había silenciado. Es entrar en un espacio donde la emoción no se juzga, se expresa; donde el ritmo no se sigue, se encarna.

Fuentes y Legado

Organizaciones como la Sangeet Natak Akademi (la Academia Nacional de Música, Danza y Drama de la India) han sido guardianas de esta tradición, reconociendo oficialmente las ocho danzas clásicas y su impronta inmortal. Estudios como los de la UNESCO han declarado patrimonio inmaterial a tradiciones como el Kalbelia de Rajasthan, vinculándolo directamente con la transmisión oral y la identidad nómada que también nutrió al flamenco.

Cuando una persona en Buenos Aires, Rosario ó Córdoba se coloca un ghungroo (campanillas en los tobillos) ó levanta sus brazos al ritmo de una canción de Devdas, no está imitando algo ajeno. Está activando un arquetipo ancestral: el del ser humano que baila para contar su historia. Y eso, sin importar el idioma o el país, siempre será un acto de tribu.

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