LOS ORÍGENES (1.577 - 1717)
En enero de 1577, en la ciudad de San Miguel de Tucumán, el gobernador Gonzalo de Abreú formalizó una de las primeras encomiendas en la región: el pueblo de Chinsacate —actual Sinsacate— fue entregado al vecino cordobés Miguel Ardiles “el Mozo”, junto a su cacique Chinchaba y su comunidad. Este documento, recientemente recuperado, confirma la presencia indígena organizada en la zona, ubicada cerca de Guanusacat y el camino a Zanumbasacat.
Para el siglo XVII, la estancia ya funcionaba como una unidad productiva. Registros históricos detallan la existencia de viñas, sembradíos, esclavizados africanos —como Pablo, negro esclavo— y una estructura económica que sostenía a sus dueños. En 1693, la visita del oidor Antonio Martínez de la Audiencia de Charcas reveló datos cruciales: en La Mazamora, un paraje cercano, habitaban 33 indígenas reducidos, aunque aún sin capilla. El padrón de Chinsacate menciona nombres como Baleriano Mila y Domingo Yacalta, testimonio de una comunidad pequeña pero documentada.
La Herencia de los Herrera: Deudas y Divisiones
En 1709, la Estancia San Pablo de Sinsacate pertenecía al maestro de campo Alonso de Herrera y su esposa Juana Reyna. A pesar de sus diez hijos, solo dos heredaron: Fernando (sacerdote) y Juana de Herrera. El testamento de Alonso detalla propiedades en Córdoba capital y la hacienda de Chinsacate, con sus tierras, esclavizados y cultivos. Hasta 1717, la estancia permaneció indivisa —es decir, sin división física—, pero al morir Alonso, Fernando recibió la mayor parte, mientras Juana obtuvo “la sala principal y dormitorios”.
Al morir Fernando, sin descendencia —por su vocación religiosa— se desencadenó un litigio, protagonizado por el resto de descendientes de Alonso Herrera, que marcaría el futuro de Sinsacate.
Continúa...
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