Desde el año 2010, César Rizzi ha forjado un legado de 151 obras que van desde piezas de taller íntimas hasta monumentos públicos que saludan a los viajeros. Sus esculturas permanentes han echado raíces en Jesús María, Villa del Totoral, , Villa Gutiérrez y la ciudad de Córdoba, siendo la última una obra de bienvenida en el ingreso a Villa Gutiérrez. Ha participado de numerosas muestras y ha llevado su muestra itinerante “Relatos Oxidados”, por diferentes lugares de la provincia. En la actualidad, su taller es una verdadera usina de creación y transformación, dividido entre obras de formato menor, destinadas a la próxima edición del Festival de Doma y Folklore, y piezas de mayor escala que pronto habitarán los camarines de ese mismo festival emblemático. Pero más allá de los números y las ubicaciones, la obra de Rizzi es un diálogo permanente entre la memoria del material y la visión del artista, la confluencia de los procesos creativos y la obra de arte como resultado. En esta entrevista prevalece el maravilloso vínculo entre el artista y su obra.
Todo comienza con un primer golpe al hierro, el sonido que despierta ecos. César, ¿cómo y dónde fue ese momento fundacional?
-La inquietud, la curiosidad y una intrínseca necesidad de crear estuvieron siempre. Sin embargo, el momento decisivo ocurrió en 2010. Una visita a la exposición de un artista del metal, sumada a una breve conversación con él, fue el catalizador que me impulsó a adentrarme en esta disciplina. De aquellos años iniciales, el aprendizaje que aún resuena con mayor claridad en mis manos y en mi proceso creativo es, sin duda, la imperiosa necesidad de perseguir las ideas, proyectos y sueños, especialmente cuando estos se manifiestan como una intuición profunda.
Tus materiales no son chatarra, son testigos. Cuando eliges estas piezas, ¿escuchas sus historias?
-Los materiales reciclados poseen una historia propia que valoro profundamente. Al integrarlos en una obra de arte, se les confiere una segunda oportunidad, una nueva trascendencia. Es recurrente que, al observar estas piezas, me transmitan una idea o una sensación; es un diálogo valioso que, sin duda, marca el inicio de mi proceso creativo. De hecho, en numerosas ocasiones he encontrado un elemento y he sabido, de inmediato, que estaba destinado a ser el corazón de una futura escultura.

El hierro no siempre se dobla a tu voluntad ¿Cómo es esa transición entre tu idea inicial y lo que el material te exige?
-Al trabajar con material reciclado, me encuentro en un diálogo constante con la naturaleza inherente del metal. Respeto el carácter propio de cada pieza, permitiendo que se integre y enriquezca la concepción inicial con su personalidad única. Mi obra se inclina fuertemente hacia la abstracción, es frecuente que el proceso creativo conduzca a una forma que, conservando la esencia, se aleje un poco del planteamiento inicial.
¿Qué sentiste la primera vez que una obra tuya salió del taller? Y si te dieran un mapa en blanco: ¿qué rincón del planeta clama por una de tus criaturas?”
-Mi primera obra emplazada en un espacio público fue el 'Gaucho con Guitarra', creada para el Festival de Doma y Folklore de Jesús María. Verla allí me genera una profunda satisfacción, porque observo que se produce una conexión genuina con los turistas, entre la obra y el espíritu del lugar. Si tuviera un mapa en blanco elegiría un espacio donde la escultura formara parte integral del entorno, sumado a su identidad, donde pueda ser apropiada por vecinos y turistas, porque, en esencia, el arte es un idioma universal. Llevar una obra que nace desde la tierra de Córdoba, Argentina, y que puede ser interpretada y sentida universalmente en cualquier lugar del mundo, es el mayor de los anhelos.

¿Qué obra te exigió romper un molde —literal o metafórico—. ¿Qué descubriste?
-La obra de bienvenida a Jesús María, sin duda, representó un desafío que me impulsó a trascender mis límites. Fue una experiencia transformadora, no solo en la escala monumental del proyecto, en la metodología de trabajo y en la dedicación temporal que exigió. Descubrí una capacidad latente para concebir y materializar obras de gran formato, una revelación que me confirmó la posibilidad de pensar mis creaciones en dimensiones hasta entonces inexploradas.

¿ En cual de tus obras jugaste con una idea ó una técnica arriesgada?.¿Y si mañana te piden que uses vidrio roto ó moldeado ¿Lo harías?
-Concibo cada obra como una oportunidad para superar nuevos desafíos, ya sea en la escala de la pieza, en la complejidad de su producción (como en el caso de series para premios), en la experimentación técnica o en la exploración de materiales. Para mí, el arte es un constante salto al vacío, siempre con la confianza de mi experiencia y mi intuición. Si bien la madera ha sido un elemento que he utilizado mucho en mis obras, la iniciativa de explorar me mantiene receptivo a incorporar nuevos materiales. Así que, si mañana me propusieran trabajar con vidrio roto ó moldeado, no solo lo consideraría, sino que lo abordaría con la misma curiosidad y determinación. Cada nuevo material es un lenguaje por descubrir y un desafío que, sin duda, enriquece el proceso creativo.
Imaginemos que desaparecen todas tus esculturas, ¿qué enseñanza sobreviviría para quienes trabajan con el metal reciclado?
-Sería esta: “El verdadero arte no reside en la forma final, sino en la alquimia del proceso”, porque, en esencia, lo que perdura es la experiencia vital de la creación. Nada borra ese diálogo íntimo con el material, esa energía que se transfiere de la mano al hierro. De hecho, una vez que la obra es vendida ó emplazada, mi relación con ella se transforma; verla o admirarla por mi parte se convierte, casi, en una cuestión de vanidad, pues el verdadero tesoro reside en el viaje.

Tus piezas pequeñas son como un diario, las monumentales hablan a lo colectivo, ¿cambia tu voz cuando creas para el espacio público? ¿Hay algo de la geografía o el folclore cordobés que se cuela siempre, aunque no lo planees?
-Mi estilo como artista, esa voz que me identifica, nace de mi proceso, mi formación, mi técnica y, por supuesto, del lugar donde vivo. Mis obras más pequeñas son como un diario personal. En ellas, mi diálogo con el metal es más íntimo, permitiéndome explorar ideas sin presiones. Cuando creo para el espacio público, mi esencia no cambia, pero sí se amplifica y se adapta. El proceso de diseño es diferente: tengo en cuenta la interacción con la gente, la escala de la ciudad y cómo la obra funcionará en ese lugar. La escultura debe invitar a la gente a detenerse, a pensar ó a jugar. La geografía y el folclore cordobés siempre están presentes, son mi inspiración, es como si el espíritu de mi tierra hablara a través del metal.

Un niño se acerca a tu escultura “El Naranjero” y sus ojos se iluminan al contemplarlo. ¿Qué semilla quisieras plantar en ese instante?
-Sin dudas, la semilla de la curiosidad fértil. Quisiera que ese niño se preguntara: ¿qué historia oculta este metal? ¿De dónde vino? ¿Qué otras formas habitó antes de ser un naranjero? Que descubra que detrás de la pátina, de cada soldadura, hay un viaje, una transformación.