Carmen Moyano, la directora del Museo de la Ciudad de Jesús María “Luis Biondi”, nos recibe entre esas profundas paredes que resguardan piezas museíticas y obras de arte que crean en el ambiente la energía sublime de un puente temporal. Su mirada, tan apasionada como precisa, es la de una detective del pasado que ha desempolvado uno de los hallazgos arqueológicos más significativos de la región: la colección Delprato.
Ser Tribu (ST): Carmen, este museo es hoy un verdadero faro cultural. Cuéntanos sobre sus inicios.
Carmen Moyano (CM): Todo empezó como un sueño compartido que tomó forma en 2012, con la primera sala de arte. Para 2014, ya habíamos inaugurado toda la planta principal. Jesús María tiene cuatro museos, pero aspiramos a ser la primera puerta que el visitante cruza: la que otorga las llaves para entender la identidad de este lugar. Este edificio, es una antigua casona construida a principios del siglo XIX.
El Proyecto estrella: la colección Delprato.
ST: Hoy queremos profundizar en algo que mencionaste: las excavaciones de Delprato. ¿Por qué son tan centrales en su relato?
CM: (Se inclina hacia adelante, con evidente entusiasmo) Es la piedra angular de nuestra prehistoria local y una de las mayores responsabilidades que asumimos. Entre 1948 y 1950, el investigador Delprato realizó excavaciones pioneras. Su trabajo fue monumental—recolectó 458 piezas, de las cuales algunas forman conjunto—pero luego la colección quedó en el olvido, quizás por omisión, sin estudio sistemático, sin divulgación. Era un tesoro durmiente.

ST: ¿Cómo fue recibirlas?
CM: Fue emocionante porque sentimos que las piezas “llegaron a casa” para ser el principio y el fragmento fundamental de lo que transmitimos desde el museo. La colección estuvo durante varios años al resguardo de la Estancia Jesús María - Museo Jesuítico Nacional y en 2.023 recuperamos la teneduría de la colección. Nuestra misión hoy no es solo el resguardo, sino también la investigación minuciosa y la divulgación, esto último como un pacto nuevo con la comunidad para rescatar, revisar y revalorizar ese legado. No se trataba solo de desempolvar cajas, sino de reinterpretar con metodologías actuales lo que él había intuido.
Los hallazgos que reescriben la historia
ST: Hablemos de las piezas. ¿Qué nos cuentan esos 8.500 años de antigüedad?
CM: ¡Son testimonios elocuentes! La colección incluye material lítico de una sofisticación extraordinaria: puntas de proyectil, raederas, lascas de sílex y cuarcita que muestran una técnica depurada. Hay restos humanos subfosilizados, elementos líticos y cerámicos que nos hablan de sus hogares y su dieta. Delprato ya señalaba la presencia de poblaciones con una organización social compleja, y nosotros hemos podido confirmar y detallar eso. Cada pieza nos muestra que aquí, donde hoy está Jesús María, hubo cazadores-recolectores con una capacidad de adaptación y una cultura material gloriosa.

ST: “Gloria” es una palabra fuerte…
CM: Encontrar este nivel de preservación y cantidad en una sola colección es un privilegio glorioso. No son solo piedras; son las herramientas con las que se talló el primer capítulo de nuestra historia común. El “ser poblacional” que mencionaba Delprato toma cuerpo y nombre con cada análisis nuestro.
Un proyecto participativo: la comunidad como científica
ST: Han hecho hincapié en la participación de la ciudadanía, no solo a través de las actividades públicas y abiertas, sino también con otras instituciones, incluido desde lo legislativo municipal ¿Cómo se traduce eso?
CM: Por un lado, pensamos que reconstruir nuestra historia es una tarea entre todos, es decir, no quisimos cerrarnos en un estudio de laboratorio cerrado. Hemos tenido muestras interactivas con más de 200 personas en un solo día. El lema era: “Esta no es mi historia o tu historia; es nuestra historia, y entre todos la reconstruimos”. Ha sido fructífero, sí, pero también transformador. La comunidad ahora siente una propiedad afectiva y cognitiva sobre su patrimonio más antiguo. Por otro lado es buscar las herramientas que nos permitan avanzar en el estudio de laboratorio que la causa requiere.

ST: ¿Y cuál es el siguiente paso?
CM: El siguiente paso es el informe científico del “Proyecto Participativo 2024”, un arduo trabajo que consiste en la búsqueda de documentos en los archivos de la provincia de Córdoba, a partir de 1.870. Esta tarea de investigación, minuciosa y silenciosa, es uno de los trabajos más intensos que tenemos en el museo, puesto que es como armar un rompecabezas que, además, nos apasiona, entonces la dedicación y el compromiso con la historia jesusmariense nos conduce todo el tiempo a buscar más información; ese fue un poco el motivo de haber presentado el proyecto en 2024. El resultado será un documento público que nos va a permitir avanzar en el conocimiento de un periodo determinado de la vida en Jesús María, para sentar un nuevo precedente en la profunda línea del tiempo que venimos construyendo.
El archivo histórico: la memoria en papel
ST: Paralelamente, están trabajando en el archivo histórico…
CM: Así es. Tenemos, por ejemplo, una cantidad importante de ejemplares del Diario La Voz del Departamento Colón, publicados entre 1.959 y 1.989, que son un tesoro gráfico para la historia de Jesús María y para lo que significa el festival como patrimonio cultural. Pronto lanzaremos “La Historia del Festival en Papel”, una exposición de portadas históricas del diario La Voz para el mes de enero de 2.026.
Un Museo que es un hogar para el tiempo
ST: Para cerrar, Carmen, ¿qué define al Museo de la Ciudad bajo tu dirección?
CM: La vocación de ser un lugar donde el tiempo converge. Donde el vecino de hoy puede tocar—con el respeto y la guía adecuada—la herramienta que usó un habitante de hace 8.500 años. Donde la Colección Delprato deja de ser un misterio y se convierte en un espejo. Aquí custodiamos semillas de identidad, no solo a partir de la investigación y el resguardo, sino también desde la expresividad artística. Nuestro museo actualmente es “sumamente activo, con mucho contacto” y el combustible es la gente.

Al despedirnos, queda una certeza: Carmen Moyano es la arquitecta de un diálogo permanente entre las huellas más antiguas y los pasos del presente. Bajo su guarda, la colección Delprato ha resucitado para contar, por fin, la primera gran historia de todos.
