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"Ser Tribu"
EL ARTE DE RESCATAR LA HISTORIA: una restauradora en diálogo con el tiempo
Entrevista con Andrea Lopez Camino, Restauradora del Museo Jesuitico Jesús María
Por Ser Tribu
Publicado en 26/11/2025 09:07 • Actualizado 04/01/2026 10:20
Entrevistas
Andrea Lopez Camino en el taller de restauración del Museo Nacional de la Estancia Jesús María

En el silencio respetuoso de los talleres de restauración de la Estancia Jesuitica Jesús María, el tiempo adopta otra dimensión. No se mide en horas, sino en procesos minuciosos; entre telas centenarias y pigmentos que han visto pasar siglos, una restauradora dedica lo mejor de sí para devolverle el aliento a obras maestras que son testigos mudos de nuestra cultura. En una conversación íntima con la Restauradora Andrea Lopez Camino, desgranamos los secretos de un oficio que es mitad ciencia, mitad arte y toda una vocación.

La magnitud de la tarea: Un patrimonio por rescatar

Con más de 12.000 piezas en la colección del museo jesuítico Jesús Maria, la tarea es colosal. Nuestra restauradora, con humildad y dedicación, ha intervenido más de 15 obras, un número que crece con cada pequeño rescate. “No llevo un conteo exacto”, confiesa, “hay obras chicas que, como no llevan mucho tiempo, no siempre las contabilizo”. El tiempo, justamente, es un factor determinante. -¿Cuánto lleva restaurar una obra? “Aproximadamente seis meses”, estima, “pero se puede alargar porque trabajo con varias a la vez. Alterno para equilibrar el trabajo y darle a cada una el tiempo que necesita”. Este ritmo se ve dramáticamente ampliado cuando la obra es de gran formato.

Borja: Un gigante del siglo XVIII en el taller

La obra de San Francisco Borja es el proyecto actual más ambicioso. Se trata de una pieza monumental del siglo XVIII, de aproximadamente 2.5 metros de ancho por 3 de largo, que llegó al museo entre 1.969 y 1970. “Con Borja empecé este año”, explica. El proceso es metódico y comienza con un diagnóstico exhaustivo y una documentación fotográfica que registra cada detalle y problemática. Actualmente, se encuentra en la fase de limpieza del reverso, un procedimiento delicadísimo. “Se hace en seco, cuidadosamente con un bisturí. Levantamos la suciedad porque humedecer la tela podría traer complicaciones”. Cada paso es una decisión calculada.

Los desafíos y la alquimia de la restauración

El trabajo sobre una pieza de esta envergadura presenta múltiples desafíos, desde la necesidad de espacio y mobiliario adecuado hasta la dificultad de conseguir materiales específicos. “La tela de lino es muy difícil de conseguir y muy cara. Los adhesivos también son materiales costosos y a veces complicados de obtener”, afirma Andrea, mientras nos muestra la obra sobre la cual está trabajando.

La entrevista nos adentra en un glosario fascinante de técnicas. Tuvimos la posibilidad de conversar de manera profunda para conocer en detalle en qué consiste el proceso de restauración de una pieza de arte y cuáles son las posibilidades técnicas en cuanto al uso de materiales y al procedimiento:

• El Zurcido: Para unir los tajos en la tela, no se cose como lo haría una modista. “Se adhieren pequeños trozos de hilo de lino entre los bordes de los tajos usando un adhesivo termoplástico que se activa con calor”.

• El Injerto: Cuando hay una pérdida de soporte (un agujero), se coloca un “injerto”, una suerte de parche que solo cubre el área faltante.

• El Entelado: Para reforzar telas originales antiguas y frágiles que ya no pueden tensarse, se les adhiere una tela nueva. Este proceso requiere la “decatización” de la tela nueva: “Es como ‘cansarla’; se tensa, se humedece, se seca… se repite el proceso para que no vuelva a encogerse o estirarse con los cambios climáticos”.

La filosofía: Intervenir sin borrar la historia y conectar con la fibra emocional de las obras

Un principio fundamental guía su trabajo: la restauración no busca que la obra parezca nueva. “La obra intervenida se tiene que notar a cierta distancia”, aclara. “No tiene que chocar visualmente, pero debe evidenciar que ha sido restaurada”. Es un acto de honestidad con la historia de la pieza, donde las marcas del tiempo, como las ampollas causadas por el calor, se conservan como parte de su biografía.

Al preguntarle por la obra que más la impactó en todos los años que lleva trabajando en el Museo Jesuitico, Andrea no duda: “La Virgen de la Merced, con los Santos Mercedarios y el Eterno Padre. Esa fue la primera obra en la que trabajé y fue la que más me gustó”.

Su conexión con el oficio es profunda y visceral. “Trabajar con las obras es algo que me llega muy adentro. Me gusta, me hace bien, lo siento muy lindo”. Esta labor no la realiza en soledad. Trabaja en estrecha colaboración con el equipo de registro del museo. “Ellas son las que conocen la importancia de cada pieza y me orientan: ‘esta obra sería importante que la hagas’, ‘hay una (obra) que está perdiendo la capa pictórica, vamos a ver qué podemos rescatar’”. Es un trabajo en equipo donde la ciencia, la historia y las manos de una restauradora se alían para vencer, día a día, al tiempo.

Esta tarea de rescate patrimonial se desarrolla entre los muros centenarios de la Estancia Jesuítica de Jesús María, Monumento Histórico Nacional y Patrimonio de la Humanidad, donde el trabajo silencioso de la restauración se convierte en un acto de profunda relevancia cultural. Lejos de los reflectores, cada intervención no solo preserva una obra de arte, sino que salvaguarda un fragmento irrecuperable de nuestra memoria colectiva, fundamentando su necesidad en el imperativo ético de transmitir a las futuras generaciones el legado tangible que dá cuenta de nuestra identidad e historia. En este espacio cargado de siglos, la restauradora y su equipo enlazan, con paciencia y rigor, el invisible pero esencial hilo que conecta el pasado con el futuro.

Para "Ser Tribu" esta es una mirada a los guardianes de nuestro patrimonio cultural y una invitación a pensar en la importancia de los procesos.

En la próxima entrega: La escuela cusqueña y el arte colonial en el Museo Jesuítico Jesús María.

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